Expats Vs Inmigrantes (Parte 2)

Hace algún tiempo escribí sobre esta relativamente nueva tendencia a separar entre los inmigrantes y los “expatriados”. En aquel momento hablé sobre cómo se separa a los extranjeros, en los ojos de los locales, entre inmigrantes y expats, pero desde entonces veo cada vez con mayor frecuencia la utilización de los términos desde los propios extranjeros, buscando de alguna manera diferenciarse en “clases”.

En primer lugar quiero puntualizar que no estoy en contra per se a la existencia de estos términos. Expat e inmigrantes son diferentes entre sí, de la misma forma que lo son con un exiliado. La diferencia no tiene, o al menos no tuvo originalmente, una carga valorativa. En términos muy generales:

  • Exiliado es alguien que por razones políticas, religiosas, de raza o de otra índole, se vio obligado a abandonar su país.
  • Expat es una persona que se encuentra temporalmente en un país ajeno porque su gobierno, organización internacional, universidad o empresa, lo contrató y lo llevó allí.
  • Inmigrante es quien decide libremente irse a un tercer país en busca de trabajo, estudio o mejor calidad de vida.

Como se aprecia, ninguna categoría es intrínsecamente mejor que la otra, son simples palabras para describir la razón por la cual la persona se encuentra en el país extranjero. Tampoco se trata de categorías estáticas, una persona puede haberse mudado de país en calidad de expat o de exiliado, pero una vez terminado su contrato, estudio o riesgo haber decidido quedarse como inmigrante.

Lo que ha ocurrido es que el término inmigrante fue adquiriendo cierta carga valorativa negativa, especialmente en Europa. En respuesta a esto, cada vez más los inmigrantes, en especial caucásicos, se autodenominan expats. Buscan con ello tratar de esconder la etiqueta de inmigrante, para no ser “confundidos” con personas de otras razas, culturas o religiones.

La frase “nosotros los expats” me causa la misma sensación que “nosotros los civilizados”.

La sensación se me produce ya de entrada por el simple hecho de que la frase sea usada; pero, de nuevo, entiendo su existencia y no estoy en contra de ella. Lo que me resulta triste es su utilización por parte de inmigrantes, en un intento por separarse del resto. De esa manera, los términos no solo pasan a convertirse en un arma de discriminación entre los mismos extranjeros, pero también se elimina todo su aporte al lenguaje. Es decir, en el momento en que vaciamos de contenido conceptual a los términos, para reemplazarlo por contenido valórico, dejan de cumplir su objetivo inicial y se convierten, en este caso en particular, en instrumentos de discriminación social.

Es preocupante ver la deformación de concepto bajo el pretexto de la diferenciación entre “buenos” y “malos”. No hay nada malo con ser un inmigrante, la gran mayoría de los latinoamericanos somos hijos de inmigrantes. De la misma forma que no hay nada malo con ser expat o exiliado.

Pero ser una cosa y decir ser la otra, por rechazo a quienes comparten la misma “etiqueta” lo encuentro sumamente triste, tanto por quien lo hace como por la sociedad que lo ha llevado a hacerlo.