Paradiplomacia en tiempos de pandemia: los caminos por delante

[Artículo publicado originalmente en inglés en E-International Relations]

Covid-19 ha producido cambios en todos los ámbitos y continuará impactando en la estructura social, económica y política. Las relaciones internacionales no son ajenas a ello, donde un multilateralismo ya golpeado se enfrenta a una situación que pone en jaque la interdependencia mundial. En estas nuevas circunstancias globales, los gobiernos no centrales también tuvieron que adaptarse y su internacionalización (paradiplomacia) no es la excepción.

Mucho se ha escrito y se seguirá debatiendo respecto de la profundidad y alcance de los efectos que Covid-19 está produciendo. Si bien a estas alturas resultaría irresponsable señalar cuál será la situación en que el mundo se encontrará cuando finalmente la pandemia haya concluido, sí es necesario comenzar a preguntarnos cuáles serán los posibles escenarios de salida, de forma tal de estar preparados para ellos.

La paradiplomacia ha demostrado, en el trascurso de esta crisis mundial, que tiene un rol que cumplir. La internacionalización de los gobiernos no centrales, especialmente a través de la cooperación descentralizada, genera beneficios directos para las entidades subestatales. Por ejemplo, Barcelona (España) ha decidido destinar 400.000 euros para la lucha contra Covid-19 en ciudades extranjeras, como Ammán (Jordania), Saïda (Líbano), Tetuán (Marruecos) y Maputo (Mozambique), entre otras. Del mismo modo, Frankfurt (Alemania) donó 10.000 euros a su ciudad hermana de Milán (Italia) para ayudar en la lucha contra la pandemia. En América del Sur, subcontinente que se enfrenta en la actualidad al invierno y probablemente los peores momentos de la pandemia, los gobiernos no centrales han echado mano a sus vínculos internacionales. Por ejemplo, la provincia de Córdoba en Argentina recurrió a su acuerdo de hermanamiento con la ciudad china de Chongqing, para recibir material sanitario. Del mismo modo, la región del Bío Bío en Chile hizo valer la larga relación que tiene con la provincia china de Hubei, para acceder a las mascarillas indispensables para combatir la pandemia.

En paralelo a este aumento de las iniciativas paradiplomáticas, los Estados también han ejercido mayor control sobre áreas que, si bien de su competencia exclusiva, habían sido relajadas durante el aumento de la globalización. De esta forma, los gobiernos centrales implementaron restricciones al libre tránsito, endureciendo los controles fronterizos y aumentando su presencia en las relaciones internacionales. En este sentido, vale la pena formularse dos interrogantes (1) ¿la pandemia ha contribuido u obstaculizado la paradiplomacia? (2) ¿dichos efectos serán duraderos en el tiempo?

En primer lugar, la internacionalización de los gobiernos no centrales se ha enfrentado a una doble dinámica. Por un lado, los Estados han un incrementado su presencia en la arena internacional, a través de respuestas unilaterales a la crisis, desviando la atención desde lo multilateral (ya en cuestionamiento de forma previa a la pandemia) hacia el rol de los Estados. Esto ha favorecido la fragmentación de la escena internacional, al tiempo que elevó los niveles de competencia (por ejemplo, por insumos médicos).

Lo arriba mencionado afectó a los gobiernos no centrales, quienes con mayor frecuencia debieron enfrentarse a sus gobiernos centrales por circunstancias vinculadas a la pandemia. Por ejemplo, los cierres de frontera dejaron grandes contingentes de migrantes varados sin trabajo en las ciudades, haciendo responsables a las autoridades locales por una situación generada desde el gobierno central. Asimismo, muchas unidades subestatales le han debido exigir a sus Estados que declaren la cuarentena en sus territorios (como la ciudad de Iquique en Chile) o incluso la han declarado o extendido unilateralmente (como lo hicieron el estado de Jalisco en México y el de San Pablo en Brasil).

Por otro lado, la pandemia ha demostrado, una vez más, que el comportamiento internacional de los gobiernos no centrales no sigue necesariamente el de sus Estados. Durante los últimos meses, mientras el centro de atención global se volcó hacia las acciones unilaterales de los gobiernos centrales, la cooperación en el campo de la salud despertó mayor interés entre las unidades subestatales, donde diversas iniciativas revitalizaron ciertas iniciativas paradiplomáticas. En este ámbito nacieron acciones de relevancia como Ciudades para la Salud Global. Asimismo, se revitalizó la cooperación al interior de organismos como Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), ONU Habitat, Proyecto AL-LAs, el Programa de Cooperación Urbana Internacional y Metrópolis, entre otros, donde proliferaron los intercambios de experiencias para combatir la pandemia en todas sus dimensiones.

Covid-19 entonces ha ejercido un impacto dual en la paradiplomacia. Por un lado, la presencia del Estado vuelve a avanzar en la escena global (tanto de forma efectiva como relativa), esto pone en riesgo la interdependencia ganada durante el ascenso de la globalización y, a su vez, puede obstaculizar la internacionalización de las unidades subestatales. Por otro lado, los gobiernos no centrales también innovan en su vinculación y generan nuevas instancias de cooperación, lo cual puede contribuir al desarrollo de la paradiplomacia.

En segundo lugar, cabe la pregunta de más largo aliento respecto a cómo esta tendencia puede impactar el futuro de la paradiplomacia. En estas instancias no es posible afirmar con ningún grado de certeza que los cambios producidos en materia de presencia estatal o cooperación descentralizada vayan a perdurar en el tiempo. Sin embargo, existe un tercer componente que sí puede generar un cambio sustantivo en cómo se han internacionalizado hasta ahora los gobiernos no centrales: el uso de plataformas virtuales para reuniones internacionales.

El cierre de fronteras y la reducción de tráfico aéreo a nivel internacional, así como el distanciamiento social y la cuarentena a nivel interno, tuvieron un impacto directo en los congresos, cumbres, seminarios y demás reuniones presenciales que se encontraban programadas durante 2020. Prácticamente la totalidad de estas reuniones han sido canceladas, reagendadas o migraron a plataformas digitales. Esto último sí generó un impacto significativo en las posibilidades de participación que los gobiernos intermedios y locales de menor tamaño tenían. La irrupción de plataformas virtuales para la realización de encuentro, tanto reuniones ordinarias como seminarios sobre temas de salud, género, transporte y economía, entre otros, permite que la práctica paradiplomática esté al alcance de todos los gobiernos no centrales y no únicamente de aquellos con los recursos y tiempos necesarios para embarcarse en viajes internacionales.

El escenario de la paradiplomacia post Covid-19 tiene tres grandes incógnitas (1) ¿los Estados reasumirán un mayor protagonismo internacional que limite la participación de los gobiernos no centrales en el escenario global? (2) ¿perdurará el renovado impulso de las redes de cooperación descentralizada y sanitaria? Y (3) ¿se afianzará una participación más amplia de los gobiernos no centrales a través de plataformas virtuales? A los primeros dos interrogantes solo podemos arriesgar respuestas, pero el tercero debemos contestarlo activamente y trabajar para que la pandemia nos deje un mundo, al menos en términos de paradiplomacia, más diverso y participativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s