En la jubilación o pierde el Estado o las personas… pero alguien tiene que perder

Por perder entiéndase dinero, que es en definitiva la parte importante de la jubilación. Y sí, no es posible que ganen todos, una de las dos partes normalmente tiene que hacer un sacrificio, o compartirlo entre ambas. Mucho se ha discutido en América Latina al respecto, algunos países son férreos defensores del modelo de capitalización individual (AFP) como Chile, otros lo son del modelo de reparto (estatal) como México, y países como Argentina han saltado de uno al otro. Ambos sistemas tienen sus problemas y beneficios:

En el tradicional sistema de reparto, conocido también como “seguridad social”, el principio que prima es el de solidaridad. Todos aportamos al sistema, que después distribuye el dinero en las personas jubiladas. Este sistema funciona de manera excelente cuando se dan tres cosas (1) hay más jóvenes que viejos, (2) la esperanza de vida no es muy alta, y (3) no hay pensiones de gracia ni jubilaciones de privilegio. Es decir: si la población activa es de 100 personas, con un sueldo promedio de US$1.000 y todos aportan un 10% al sistema, eso alcanza para 10 jubilados con el sueldo promedio o 12 sueldos del 80%. Lo que entra al sistema se reparte. Ahora, si la población activa no aporta (trabaja en negro), o si la población comienza a envejecerse (hay más de 1 jubilado cada 10 personas activas) o las pensiones de gracia y de privilegio aumentan, alguien tiene que poner la diferencia del dinero, y ese alguien es el Estado. Esto último es lo normal en las modernas sociedades con sistema de reparto y no le gusta nada al FMI.

En el sistema de capitalización individual (las famosas AFP) la historia es distinta, el principio que prima es el de ahorro. Es decir que la jubilación es un ahorro forzado. Esto no suena mal al principio pero el problema son los números, supongamos que: (1) el sueldo promedio de la personas a lo largo de su vida es de US$1.000, (2) que se aporta el 10% (en realidad estos sistemas piden menos, pero probemos con el 10), (3) que las personas empiezan a trabajar a los 25, se jubilan a los 65 y vive hasta los 85, y (4) que la ganancia anual de los fondos de pensión es del 5% real (alta). En su vida la persona aportó a la AFP 48.000, que con intereses fueron poco menos de US$200.000; ese dinero alcanza para un sueldo de US$820 (80% del promedio) por mes por 20 años. Ahora, si la persona no trabajó u aportó (trabajo en negro) todos los años, o vivió más de 85, o estudió hasta después de los 25, o una crisis internacional sacudió el sistema financiero de las AFP, alguien va a tener que poner la diferencia del dinero, y ese alguien es el jubilado. Esto es lo que actualmente están empezando a enfrentarse países como Chile.

Los sistemas de jubilación son siempre un problema, pero en mi opinión la solución de “sacarle el peso al Estado” y responsabilizar únicamente a las personas, libradas a la suerte de las AFP, es una pésima alternativa. Por supuesto que el dinero extra que tiene que poner el Estado también viene del bolsillo de los contribuyentes, pero es de forma solidaria.

Si hay algo que cuestionar del sistema de reparto es la malversación de los fondos y las jubilaciones de privilegio, pero eso no es culpa del sistema sino de la falta de control que se haga del mismo. La solución es hacer responsable y transparente al Estado, no trasladarle el problema a la personas.

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