Inventos Vs Negocios

Esta semana leí dos historias “revolucionarias”. Se trata de dos inventos que encierran un potencial cambio en la industria de la salud, tanto por las ventajas que ofrecen como por los costos que implican. Más allá de las certificación necesaria, el miedo es que logren superar la trabas del mercado.

La primer historia es sobre Jack Andraka, un chico que con 15 años desarrolló una forma económica, rápida y efectiva para detectar el cáncer de páncreas en etapas tempranas, incrementando notablemente las posibilidades de supervivencia del paciente. No se trata de un super genio con un CI de 6 millones, es un joven creativo, entusiasta y que no se dejó desalentar por las 199 universidades que rechazaron su invento, siguió insistiendo y actualmente trabaja sobre el tema en la universidad Johns Hopkins.

La segunda historia es sobre un mecánico de Lanús (Argentina), que después de ver un “truco” con un corcho en un asado, creó un método para facilitar el parto en caso de períodos expulsivos prolongados y así reducir los riesgos y evitar cesáreas. Si bien Jorge Odón además de mecánico es inventor, sus creaciones eran siempre relacionadas con la mecánica y esto no evitó que muchos lo mirasen raro cuando propuso su invento, pero también (y como él mismo reconoce) también hubo quienes no se “encumbraron” en su saber y es por lo que actualmente trabaja en conjunto con la Organización Mundial de la Salud, la cual cree que el potencial para reducir riesgos y bajar costos es enorme.

Dos personas simples cambiando el mundo me despiertan sensaciones encontradas: por un lado la creatividad humana me llena de esperanzas. Pero por otro lado me pregunto cómo es posible que una idea generada a partir de lecturas disponibles en internet (Andraka) y de un truco con un corcho (Odón) no hayan surgido nunca desde los grandes centros de investigación científica. Me gustaría creer que se trató de un tema de creatividad, o de que a veces nos empeñamos en buscar soluciones complejas en lugar de cosas simples. Pero algo me asusta, se trata de dos formas que ayudan a la salud y bajan los costos, y no sé hasta qué punto no son los mismos centros de investigación los que prefieren cobrar los escaners, quimioterapias y cesáreas, en lugar de tratamientos baratos y más eficaces.

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