De la información y otros demonios

En occidente debemos la gran mayoría de nuestra filosofía a la antigua Grecia, luego a los teólogos del medioevo y finalmente a los filósofos alemanes y franceses, hasta ahí llegamos, con algún Rawls a fines del Siglo XX, pero cada vez menos. Admito que esta es una sobresimplificación histórica exagerada, pero busca marcar un punto: cada vez somos más personas y más académicos, pero cada vez tenemos menos filósofos.

Un argumento muy razonable es que la filosofía no da de comer, es decir que es muy difícil conseguir un sueldo para develar cuál es el motor metafísico del universo, o cómo aproximarnos al plano de las ideas. Y también es cierto que, mientras se enseñe filosofía en las universidades, van a existir profesores que tengan tiempo para hacer filosofía, pero esto está cada vez más en jaque, y mi teoría es que se debe a la cantidad de información y a sus demonios ocultos.

Me explico, un requerimiento básico de la filosofía antigua era el ocio. El filósofo necesitaba poder estar despreocupado de las situaciones cotidianas para disponer del tiempo en que estudiaba las preguntas que trascendían las ciencias naturales y exactas. En esos momentos creaba las ideas que daban forma al pensamiento filosófico. En la actualidad occidental, esos momentos de ocio prácticamente han desaparecido. No solo por una razón económico, o por el tipo de vida de las ciudades, han desaparecido porque la información nos persigue, no solo nos es arrojada en grandes cantidades por la prensa e internet, pero también la encontramos disponible en pilas de publicaciones académicas. Nos forzamos a nosotros mismo a estar cada vez más actualizados y nos interesamos cada vez por más cosas, por áreas de la ciencia que nos son muy lejanas pero que nos resultan igualmente interesantes.

Nuestro conocimiento se expande, cada vez tomamos contacto con más áreas del saber, disipando así las barreras de una formación escolástica tradicional, pero esta sobreabundancia de información viene con sus demonios y lo que yo me pregunto es si con ella no estaremos sepultando a nuestros filósofos.

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Un comentario el “De la información y otros demonios

  1. joseluis817 dice:

    Sí, el ocio es una condición necesaria. También un cierto distanciamiento de las preocupaciones cotidianas. Y poder compartir las reflexiones (algo bastante difícil, pero siempre nos quedará Internet).

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