La publicidad que apela a las entrañas

Acabo de ver el video de la compañía de celulares tahilandesa que anda dando vueltas en Facebook con el título “Un anuncio de celulares hace llorar al mundo entero“. Efectivamente se trata de una publicidad que apela a los sentimientos de humanidad y caridad profunda, con un mensaje respecto a que las acciones positivas producen efectos positivos.

Si se tratase de un video musical con este fin, como lo fue One Day o If You Give a Little Love (por poner dos ejemplos conocidos), esta nota no tendría sentido. Ese tipo de videos vienen existiendo desde Michael Jackson (Heal the World creo que es el mejor ejemplo) en adelante (quizás inclusive antes), y siempre son bien recibidos.

La diferencia, y raíz de mi inquietud, es que el video es una campaña publicitaria.

No es la primera vez que se utilizan videos viscerales a fin de provocar en las personas un resultado directo. Kony 2012, el video viral más grande hasta ahora, es la prueba más contundente de ello. No obstante, Kony 2012 no apuntaba a generar ganancias para una compañía, pero a la lucha (cívica) contra un grupo armado en África central. Para lograr ese objetivo el video era extremadamente emotivo, cuestión por la que fue tan criticado como defendido. Aclaración: en esta nota no pretendo hacer una defensa de la iniciativa (a la cual adhiero desde el día 1), simplemente lo menciono como ejemplo.

Es decir, videos viscerales los hay al menos de tres tipos:

  1. Generales (como los videos musicales), que simplemente transmite un mensaje, instando de cierta manera a actuar pero no en algo puntual.
  2. Específicos sin fines de lucro (como el de Kony 2012), que instan a actuar en algo concreto, pero que sigue siendo altruista en tanto los fines. Y
  3. Específicos publicitarios (como el tahilandés), que a través de la emotividad buscan contagiar al espectador, para que éste se identifique con la compañía y adquiera sus servicios.

La gran pregunta es ¿Cuán éticamente correctos son los videos del tercer tipo?

Claro que una respuesta apurada podría ser que los instrumentos emocionales no debiesen de ser empleados en publicidad con fines de lucro (no legal sino éticamente). Pero al mismo tiempo se podría decir que, siendo la publicidad parte de nuestra vida cotidiana, es preferible que la misma transmita valores sociales sinérgicos como las buenas acciones, en lugar de individualistas como el éxito personal.

Pero claro que esto nos acerca a una pregunta aún mayor: ¿cuál es la utilidad/fin de la publicidad?  Con este tipo de videos no se nos está informando sobre los servicios de la compañía, ni sobre sus ventajas ni sobre sus planes o programas de fidelidad. Lo que se busca es que nos sintamos motivados por lo humana y caritativa que es la empresa y, por lo tanto, deseemos ser parte de ella. Allí creo que sí hay un problema grande: no solo no se nos informa, pero se nos invita a actuar basados en criterios falsos respecto de los valores de la compañía.

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