Pesimismo bien entendido sobre el Papa Francisco

El lunes 13 Francisco cumple 2 meses como “obispo de Roma” (título que ha preferido sobre el de Papa), las aguas ya se aquietaron un poco y no hay 100 noticias diarias sobre él, ni su nombre se encuentra en boca de todos (para bien o para mal), y ya se aclararon (para la mayoría de las personas) las acusaciones que signaron los primeros días.

Creo que es hora entonces de, con calma, pensar en lo que efectivamente significa, en lo que realmente podría cambiar con el primer Papa jesuita, y que a la vez es el primero latinoamericano.

Primero: son ocho años menos. Al ser elegido, Bergoglio superaba ya los 76 años, todo lo que sigue podría haber sido distinto de haber recibido la responsabilidad en el cónclave anterior. Era más tiempo para hacer cambios, un Papa más joven, y una Iglesia menos golpeada por los lamentables escándalos de la curia y el banco, a los que se sumó el pobre manejo por parte de  Benedicto XVI del arte de la comunicación y su alejamiento teológico de la realidad cotidiana.

Segundo: la Iglesia no va a revolucionarse. Esto es algo difícil de digerir para muchos, y de aceptar para otros, pero es una realidad que al menos debiese de ser entendible para todos. Muchas de las cosas que son “impopulares” respecto del proceder de la Iglesia, no responden a preferencias de quienes la dirigen, sino a dogmas y creencias. Esas cosa no van a cambiar. Ejemplos:

  • Ningún Papa va a apoyar el aborto, no por machismo sino porque para la Iglesia el “feto” es en todo momento (desde la concepción) una “persona” y la vida humana es sagrada. Bajo este entendido, el aborto está fuera de discución.
  • No va a haber matrimonio entre homosexuales. Este ámbito es mucho más discutido al interior de la Iglesia misma, pero Francisco ha dejado en claro siempre que él defiende la institución del matrimonio entre hombres y mujeres.

Tercero: hay cosas que no depende solo de él. Es cierto que el Papa es “la cabeza de la Iglesia en la Tierra”, ello no quiere decir que sea como un rey absolutista que dicta a su gusto. Como Francisco lo ha dicho: el es el Obispo de Roma, es decir que es más un primus inter pares que un rey, y si bien puede tomar la iniciativa en algunos aspectos, requiere de otros obispos para llevarlas a cabo. Ejemplos:

  • Los sacerdotes pudieron casarse en el pasado, y esto no es dogmático, por lo que es posible que lo vuelvan a hacer en el futuro, pero no depende solo del Papa.
  • Las mujeres nunca han sido sacerdotes dentro de la Iglesia, pero ésto no quiere decir que no lo puedan ser en un futuro, no obstante: tampoco depende solo del Papa.

Finalmente: hay muchas cosas que si puede hacer. Lo anterior toca puntos neurálgicos en los debates en torno a la Iglesia, pero no todos los puntos, y algunos de los que quedan son muy importantes y son en los que sí el Papa puede y se espera que actué:

  • Escándalos de la curia. Como en toda sociedad y profesión, existen dentro de los curas personas con serios problemas; esto es gravísimo porque son quienes deben predicar con el ejemplo y en quienes los creyentes depositan su confianza. Ya es terrible que haya curas que abusen de menores (sin ser éste su único delito, creo que es el más grave), pero lo intolerable es que ello haya sido encubierto; acá el Papa puede y tiene que tomar las riendas.
  • El Banco Vaticano (oficialmente denominado “Instituto para las Obras de Religión”) aloja entre sus cuentas dinero de corruptos, mafiosos y demás personajes turbios. Es el deber del Papa que el Banco que debe servir para financiar las obras de la religión cumpla esa tarea, y no que financie exactamente lo contrario.
  • Acercamiento a las personas. Esta sensación no se debe solo a los temas sensibles que vimos antes, sino a que el comportamiento de muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, ha hecho que la Iglesia se aleje de la realidad, que deje su faceta secular y viva en un mundo irreal. El llamado del Papa a dejar de lado la hipocresía parece ir en esa línea, y es su deber que los demás miembros de la Iglesia lo entiendan.

El título de este artículo es un poco engañoso, pero un poco no: yo no soy pesimista respecto a lo que Francisco vaya a aportarle a la Iglesia, hasta el momento comparto las pocas cosas que en sus 2 meses ha hecho, creo que cumplirá con muchas de las expectativas, impulsará la unión entre los cristianos de diversos credos y tratará de hacer más humilde a la Iglesia. Pero soy un pesimista respecto de las cosas que sé que no van a cambiarse, ya sea porque no dependen de él o porque no las comparte. Creo que hay que ser realistas sobre lo que se le puede pedir y lo que no, sobre lo que vale la pena esperar y lo que es solo un deseo. Pero también creo que debemos pedirle las cosas que puede hacer y que están conformes a la institución que representa, que no representa el pensar y sentir de todo el mundo.

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