El Gran “gran hermano” y nuestros supuestos límites

El miércoles 24 de abril estuve en una charla sobre las “principales tendencias en política mundial“; como no podía ser de otra forma, en cierto punto se arribó al atentado ocurrido el 15 de abril en Boston y al impacto que el “terrorismo mundial” tiene sobre nuestras vidas, todo conllevó a la pregunta obvia de ¿hasta qué punto podemos estar preparados/seguros?

Por supuesto que como individuos podemos poner más atención a nuestro entorno, pero no podemos prevenir todas las cosas, y menos el “terrorismo global”; en consecuencia la responsabilidad debe recaer sobre el Estado y sus redes internacionales. Para que el Estado ejerza dicha prevención es menester que tenga ciertas facultades de vigilancia, a fin de poder realizar detecciones tempranas de riesgo. Hasta aquí el argumento convence a la gran mayoría: nuestra seguridad está amenazada, el Estado es responsable de prevenir, y para ello necesita vigilar.

La gran pregunta es ¿cuál debiese ser el límite a la intromisión del Estado en nuestras vidas? y aquí ya no estamos tan de acuerdo.

Si bien existe un concepto, una idea o al menos una sensación, de que hay un límite, y de que el Estado debe respetarlo. Mi inquietud, y más que respuestas tengo solo preguntas, es si no pasamos ese límite hace tiempo, y que en realidad el problema es que nunca nos enteramos. Ayer tanto El País de España como El Mercurio de Chile denunciaban la práctica que la policía israelí realiza en el aeropuerto de ingreso al país: si consideran que eres sospechoso debes mostrarnos tu correo electrónico, o no ingresas. Lo alarmante no es solo esa práctica, sino que la misma se realiza desde hace años, pero recién nos estamos enterando ahora.

Estas líneas no son para caer en la vorágine paranoica de las grandes teorías de la conspiración. Ni para hacer una crítica radical a la existencia del Estado y abogar por una naturaleza humana más libre. Yo creo que el Estado cumple (o debiese cumplir) una serie de funciones importantes, una de las cuales es la de proporcionar protección. Pero si estando de acuerdo en ello, vivimos pensando que el Estado va a auto imponerse nuestros límites imaginarios, estamos cometiendo un grave error y olvidándonos que la regulación del Estado no es una de las funciones del gobierno, es uno de los derechos y obligaciones del ciudadano.

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